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8 de noviembre de 2014

Sobre distopías, cartas de amor y textos por encargo.

No sé si lo que me atormentan son las noches de lluvia o que tú ya no estás.

He vuelto a escribir, sin que nadie lo sepa, después de estos malos años que todavía nos acompañan. No recordaba si sabría hacerlo de nuevo. Después de que esos terribles soldados armados hasta los dientes tomaran el poder por la fuerza decidí dedicarme a otras cosas. Te preguntarás a qué, si solo soy escritor.
Al principio no fue fácil. Empecé a ocultar todos mis libros, todos mis borradores, todas mis malas decisiones, y las buenas, por si algún día venían y arrasaban con todo. Lo único que conservé fue mi agenda y mi diario, que bien podrían haber sido la misma cosa. Había días tan oscuros, que solo podía echarme a llorar mientras veía como la tinta se corría.
El día que vinieron a buscarte supe que no nos volveríamos a ver. Leí una docena de veces todas tus notas. A veces, cuando sentía que ya nada tenía sentido aparecías tú. Y volvía a ponerme cada mañana ese horrible uniforme de fontanero.
Nadie se lo creía. No había visto una tubería en mi vida. Mi amigo Jack se convirtió en electricista de la noche a la mañana, él, que no sabía ni pelar un cable. Creímos que era lo mejor para mantener lejos al régimen. ¿Qué le importaríamos dos simples obreros de clase baja a los grandes dirigentes? Nada. Cada uno de nosotros formaba parte de esa masa que venían planeando crear ya desde hace bastante tiempo.
Todas las tardes nos reuníamos en el bar, y fumábamos. ¡Cómo me gustaba fumar! Recuerdo cuando impusieron aquella norma de que solo podríamos fumar dos  cigarrillos diarios. Esa vez sí que me tuvieron en el punto de mira. Leí la noticia en el periódico, hace ya diez años, esbocé una gran sonrisa y me encendí un pitillo. La libertad se acabaría el día que decidieran por mí qué debía respirar.
Aún no te he contado mis grandes hazañas durante todos estos años, cómo he estado a punto de morir por mi ideología a manos de cualquier guardianucho incapaz de sublevarse contra esta tortura. Quizás esté más muerto de lo que realmente pienso. Me gustaría saber si todavía te sientes orgullosa de mí.
Créeme, de verdad. Desde que te fuiste no hay ni una sola novela que no te relate, ni una sola canción que no te describa, ni una sola película donde no te encuentre… Llevo cuarenta años soportando este calvario, cualquier día llamarán a la puerta para llevarme con ellos. Y entonces nos volveremos a encontrar. El día que descubran todos mis tratados, todos mis libros, todos mis diarios, todos mis cuentos, el día que me descubran volveré contigo.
Cuando me enteré de qué te habías ido para siempre fui incapaz de comer y dormir durante semanas. No me di cuenta hasta que vi tus zapatos de ante en casa. Nunca te los quitabas. Esos viajes tan largos hasta el centro de la ciudad solo te los hacías con ellos. Juro que si pudiera volverte a hacer el amor dejaría que los llevaras puestos.
Hace unas semanas me torturaron esos viejos pensamientos de nuevo. Si te hubiera hecho caso, si no te hubiera dejado sola ese día. Cada vez que paso por la biblioteca municipal me acuerdo de la cantidad de libros que llevabas en la mano para devolver. Todavía no sé quién fue ese desalmado que se le ocurrió cazarte y llevarte a rastras simplemente por llevar entre tus manos “La ideología alemana”. Cuando me enfado mucho y lloro, lloro como si fuera un crio, maldigo a Marx como si fuera el mismísimo Stalin. ¿Cómo iba a saberlo yo? Que no regresarías, y todo por un libro.
Si te llevara ahora por aquel lugar te horrorizarías. Han quemado tantos libros. Ya solo quedan cuentos de Esopo para los niños más afortunados y una cantidad engorrosa de ladrillos infumables sobre el régimen.
No quise estar presente el día de la quema de libros. Me parecía un sacrilegio. Pero mi amigo Jack me contó que quemaron una docena de mis volúmenes. Uno detrás de otro y catalogándome como literatura prohibida. Si algo tuve claro ese día es que soy un buen escritor.
No sé si te estarás preguntando qué hago escribiéndote todo esto. Estoy seguro de que ya lo has hecho muchas veces. Quería que supieras que después de cuarenta años de condena y de estar casi sumido en mi vejez, ha terminado. El régimen ha caído. Ya solo quedan un par de soldados intentando huir de esta luz esperanzadora que nos ha inundado a todos.
Hoy hace veinticinco años que no he vuelto a saber de ti. Y si algo quería que supieras es que ni un Estado del terror hará que este viejo pierda la memoria. Si algo tenemos los escritores es que entre tanta barbarie siempre encontramos algo que nos hace continuar. Aunque llevemos un uniforme de fontanero estúpido. Lo que me ha hecho continuar has sido tú. Después de todo, nunca he dejado de buscarte. Ni de creer en ti.
Estoy seguro que si pudiera verte ahora mismo estarías rabiando de alegría. Somos libres. Al final han venido y nos han salvado. Lo hemos conseguido. Hemos sobrevivido. Gracias por no marcharte nunca Amelié.

PD: Llevan aporreando la puerta desde que he empezado esta carta. No sé si vendrán a liberarme o a llevarme contigo de una vez por todas. Pero por favor, promete que si nos volvemos a encontrar habrás leído mi carta. Eres el amor de mi vida. El amor de un anciano decrépito a punto de morir. Te echaré mucho de menos. 

10 de mayo de 2014

Nunca había publicado la disertación que presenté, hasta ahora.

“Cuando alguien te pregunta para qué sirve la filosofía, la respuesta debe ser agresiva, ya que la pregunta tiende a ser irónica y mordaz.”

Así hablaba Gilles Deleuze sobre la respuesta a la que nos conduce la pregunta formulada “¿Para qué sirve la filosofía?”. Y si necesitamos agresividad para responder a este tipo de cuestiones es mejor concluir ya con que la filosofía no sirve para nada. 
Porque… ¿para qué es útil la filosofía? Lo que “sirve para algo” debe tener alguna función, normalmente técnica, que nos proporcione algún beneficio para algo que requiramos. Sin embargo, el conocimiento, el estudio de la filosofía, no nos aporta nada de eso. 
Corrientes filosóficas como el utilitarismo partían de la base de que una acción será correcta si, con independencia de su naturaleza intrínseca, resulta útil o beneficiosa para ese fin de máxima felicidad. 
Entendemos “fin de máxima felicidad” como un supuesto psicológico que le parece evidente a Bentham, padre del utilitarismo. Se refiere a que un hombre no solo buscará su felicidad sino la de los que le rodean ya sea en su vida privada como pública. Todas sus acciones dependerán de este supuesto.
Dejando a un lado la aclaración anterior, podemos observar en este tipo de teorías éticas que siempre que algo sea útil la acción será correcta. Pero, hemos llegado a la conclusión de que la filosofía no sirve para nada y si además asimilamos este patrón, se refuerza nuestra hipótesis. 
Aunque la contradicción en el uso de términos es evidente, si el utilitarismo es una corriente filosófica y la filosofía es algo inútil, ¿por qué la usaban? ¿Por qué se hacían llamar amantes de la sabiduría esos que solo buscaban herramientas para realizar otros fines? 
Resulta casi imposible no recordar en este caso al filósofo por antonomasia, Aristóteles, quien en una parte de su Metafísica dedica un texto a este “conocimiento” que denominamos filosofía. Parece que en “la admiración”, nombre por el que reconocemos el fragmento, es una clara contraposición a las posturas utilitarista de Bentham y Stuart Mill, pese a los siglos de diferencia entre unas y otras. Aristóteles intenta plasmar lo ridículo que resulta valorar esta ciencia, entendiendo ciencia como conocimiento, por la utilidad que tenga para realizar otras cosas. Todos aquellos hombres que filosofaron lo hicieron para huir de la ignorancia, cuando tenían un problema o por motivos similares, y ya teniendo cubiertas todas sus necesidades. Al llegar a este punto, de no pasar necesidad alguna, debería llegarse a la total armonía de la mente y el cuerpo ya que se piensa que en eso se basa la felicidad. Pero siempre surge alguna pregunta, algún problema irresoluble por los métodos más prácticos que podamos imaginar. Es ahí entonces donde surge la filosofía, eso que no es arte, ni ciencia, ni técnica… Es sabiduría. Es la capacidad de meditar, de abstraerse de algún modo de la realidad para encontrar una respuesta que probablemente se halle en nosotros mismos. Es la forma de huir de la ignorancia, y es aquí donde observamos que la filosofía no sirve para llegar a un fin, sino para serlo en sí misma.
¿Y qué más podríamos decir sobre un planteamiento tan pesimista sobre ella? Cerrar el archivo y salir sin guardar sería una opción. Pero recordando una de las frases célebres de nuestro ya mencionado Aristóteles, “El ser humano no hace nada que no sea por necesidad.”, podemos seguir nuestro planteamiento sin tener que romper a llorar.
Remitiéndonos a la cita anterior, y a nuestros argumentos pasados, podemos deducir que, si es cierto que el hombre no hace nada “por amor al arte”, y que la filosofía es un fin en sí misma, pese a que no sirva para nada, es indiscutible que cientos de filósofos hacían su labor por necesidad, por lo que podemos observar que la filosofía aparte de necesaria es imprescindible. Ningún hombre nace entendido en esta disciplina, puesto que muchos mueren sin apenas conocerla, pero viviendo bajo leyes morales establecidas por su cultura, donde probablemente sea adoptada una postura relativista. Es decir, estos cerdos satisfechos que probablemente no busquen respuesta más allá de qué habrá de comer hoy, se rigen por una ética enseñada desde la infancia, que les permite establecer la diferencia entre el bien y el mal. Puesto que no en todo el mundo esta diferencia es clara, allí donde estemos, nos encontraremos con una educación en valores distinta a la de cualquier otra parte del mundo. Esta educación en valores pertenece claramente a una parte de la filosofía, aunque muchos no lo reconozcan o sepan apreciarlo. Ser capaz de diferenciar entre lo bueno y lo malo ya nos está haciendo humanos. Un animal se rige únicamente por sus necesidades biológicas, en términos más concretos, sus instintos. Un hombre no puede rebajarse a ser llamado bestia y su única forma de evitarlo por completo y ser digno de llamarse Hombre, con mayúscula, es mediante el pensamiento filosófico. La filosofía ni sirve ni es útil para (otro fin), pero nos hace seres humanos, personas racionales, impone la armonía que hace falta entre el cuerpo y nuestra mente. La búsqueda de respuestas no inmediatas nos hace más humanos. Y claro que podríamos diferenciar y clasificar a cada uno de los individuos por su nivel de indagación en sí mismos y su capacidad deductiva y de abstracción, por su compromiso consigo mismo, por cuanto ha huido ese cuerpo de la ignorancia. 
Mas la filosofía se cree entendida por todos y al parecer resulta una pérdida de tiempo por ello. Pues muchos hablan de que los filósofos dicen cosas que todo el mundo sabe pero con palabras que no se entienden. Ha de venir cualquier filósofo de la antigüedad a explicar que ni siquiera ellos mismos entendían en profundidad esa episteme a la que intentaban llegar. Sócrates, destacado filósofo ateniense, afirmaba no saber nada, él, uno de los pocos que quizás llegó a comprender mucho más que cualquier otro prójimo suyo. Entender la filosofía no es cuestión estricta de terminología puesto que todos nosotros sabemos usar un diccionario. Tampoco se trata de leer indiscriminadamente obras sobre reflexiones que quizás ni siquiera nos interesen ya sea por la temática o por la incapacidad de comprensión, ya que con ninguno de estos propósitos llegaremos a entenderla. Es más, quien dice haberla comprendido por completo está en un craso error. La filosofía no es lo que se ha estancado sino el ser humano. Y si unos gurús del tres al cuarto declaran, a sus entenderes, poderse comparar con un verdadero filósofo solo podrán recibir mofa, al menos por mi parte. La filosofía no es una ciencia exacta, ni experimental, ya lo hemos dicho, no es una lengua extranjera ni un estudio práctico, no es memorable a niveles académicos, ni puede llegarse a demostrar con algún tipo de experimento. La filosofía influye en cada una de las ciencias conocidas desde su raíz más elemental. Pese a que todas las ciencias hagan más falta que esta para el desarrollo de la vida cotidiana, necesidades primarias o tantas otras cosas… ninguna es más importante.
No podríamos desarrollar una vida plena sin ella, sin conocimiento, sin la búsqueda de uno mismo en el ser. El propósito de filosofar no va más allá del mero conocimiento propio de cuestiones tan variopintas como ramas de esta haya. Haciendo alusión a Savater, ahora somos capaces de entender su famosa frase “Se puede vivir de muchos modos, pero hay modos que no dejan vivir”, y vivir sin filosofía es claramente uno de ellos. Es obvio entonces que, desde un principio, somos incapaces de imaginar a un hombre que pueda vivir sin ninguna lección moral, sin observar la belleza que nos brinda un amanecer, sin la toma de decisiones propias carentes de meditaciones previas… para eso es para lo que está la filosofía. Para ayudarnos, para forjarnos como seres humanos, para vivir en sociedad, para deleitarnos con su parte más hermosa, la estética, para encontrarnos a nosotros mismos, para no ser bestias sino personas. Personas que han sido capaces de llegar a ser un fin para sí mismos. Fin que solo se puede conseguir mediante una ciencia dedicada a ella misma, la filosofía.

23 de mayo de 2013

Literatura.

Lo habían conseguido al fin. Tras acabar manejando con la mayor soltura posible el lápiz y el papel habían dado con ella. Siglos de escritos les habían engañado, les habían vendado los ojos y habían creído hacer de todo aquello un arte. Cada uno de los grabados no dejaba de ser un trocito de cada autor, incluso en las runas ya se podía detectar su esplendor. Pero faltaba algo, algo que le diera ese matiz de distinción, esa belleza capaz de dar escalofríos en el alma tan solo con abrir esos pergaminos o pasar esas páginas. Y la encontraron. De repente, y sin previo aviso, sabían que era. Dejaron atrás su significado literal y la convirtieron en una realidad digna de muy pocos. 

Su designio no iba más allá del mero cultivo humano pero no hacía falta ser un ilustre para identificarla. La armonía fluía por cada pincelada, como si de un cuadro se tratase, eran obras de arte convertidas en letras, letras que no dejaban de ser historias fantásticas o totalmente verosímiles, sentimientos de amor-odio, del temor a la muerte o de las ganas de vivir, todo ello acompañado con una manera determinada de decir las cosas por cada autor, con ese matiz de distinción. Esos creadores del arte, del gran arte, ese dominio de la palabra, de la prosa y el verso, de la manipulación sensorial de sus lectores, solo ellos lo habían conseguido, solo ellos LA habían conseguido. Literatura.

9 de diciembre de 2012

Estaba sentada bajo la lluvia. En el mismo banco de siempre.

Estoy congelada, necesito que vengas, que vengas de una vez por todas y me abraces, me recojas el pelo y sueltes un topicazo en plan “vámonos a casa”. Lo necesito, de verás que sí. 

A veces vengo aquí porque era nuestro, todo esto. Parecía nuestro. Pero hoy ha sido por pura inercia. No sabía a donde ir, no sabía qué hacer, sentía que iba a explotar, y quería salir corriendo. Y de repente me veo aquí, delante de este banco. Me siento y veo nuestros nombres con compás. Empiezo a temblar. Recorro con los dedos nuestras iniciales y dibujo un bonito corazón. 

Cierro los ojos por un instante y te noto tan cerca, casi puedo oler tu perfume. Inspiro. Noto tu mano subiendo por mi pierna, y tu nariz aproximándose a mi pelo. Te noto, de verdad. No quiero abrir los ojos. Inclino la cabeza y tu fría nariz empieza a deslizarse por mi moflete. ¡Ay, qué frío estás! Como siempre. Me giro y empiezo a notar que tus labios se deslizan cerca de los míos sin llegar a rozarlos. Siempre sabes lo que me gusta. Me muerdo el labio esperando lo inevitable, suspiro y de repente oigo un “¿está ocupado?” Abro los ojos rápidamente saliendo completamente de Oniria y veo a una mujer mayor cargada de bolsas. Asiento atónita e intento ayudarla pero mi cuerpo es incapaz de moverse, parece haberse petrificado. 

Pasan unos minutos hasta que recobro el aliento, que jamás debería haber perdido, y contesto a alguna de las inquisidoras preguntas de la señora. Va demasiado elegante. Si pudiera catalogarla en un estilo pictórico sería el barroco, seguro. Quizás elegante no es la palabra que andaba buscando, ostentosa. 

Oigo como felicita a otras personas de los alrededores sin saber por qué. Aún estoy conmocionada por ese momento tan irreal y espectacular que acabo de vivir. Estaba apunto de… y de repente llegó y me trajo de vuelta al mundo real. No quiero. Me niego. A veces no me explico como soy capaz de abstraerme tanto que ni siquiera oigo el ruido que hay a mi alrededor. 

Llevo mirando al suelo un rato, percibo de alguna manera, quizás mi sentido arácnido, que la señora se va a levantar y que la está esperando el coche negro de enfrente de la calle. Levanto la vista y le pregunto amablemente si necesita ayuda, con una voz demasiado aguda me responde que no, y me sonríe. Me da las gracias, y para cuando me ha felicitado, sin saber por qué, yo ya vuelvo a estar muy lejos de la realidad. 

Me vuelvo a quedar sumida en mis vaivenes, y apago la luz del exterior. ¿Por dónde íbamos? 

Inspiro. Me muerdo el labio, y vuelve a aparecer esa nariz fría rozando mi pómulo izquierdo. Me sonrojo. Me gusta que esté tan cerca, me gusta mucho. Me empieza a dar besitos castos en el cachete tan rápidos como sus labios le dejan. Me hace cosquillas. Qué tonto es, sabe que lo estoy esperando. Empuja con uno de sus dedos mis gafas, y creo oírle decir que parezco una abuelita todo el día con las gafas allá abajo. Me estremezco en el sitio. Me ruborizó aún más. Y mi nerviosismo empieza a ser perceptible a ojos de cualquiera. 

Vamos, hazlo ya.

De repente empiezo a oír un tintineo pero intento que no me saqué de mi mundo. Es imposible. Me noto pesada y ¿empapada? Abro los ojos, y está lloviendo, casi diluviando. No sé cuanto tiempo llevo sentada aquí. Las luces están encendidas, y no veo a demasiada gente en la calle. No me quiero ir. Quiero acabar mi historia. Este no puede ser el final. 

Intento evadirme otra vez por completo pero resulta imposible, tiemblo demasiado. Mi abrigo está empapado. Me levanto e intento meterme en el recinto más cercano. Como no parece haber ninguno abierto, me resguardo con los salientes del techo de un edificio. Busco el portal para sentarme hasta que la tormenta amaine y pueda irme a casa. Llevo demasiado tiempo haciendo la tonta. 

Encuentro la entrada del portal casi sin esfuerzo, y me siento a la entrada. Intento entrar en calor frotándome las manos, pero creo que incluso los guantes se han mojado. Estoy calada hasta los huesos. 

Sin ser consciente de ello el cansancio comienza a ser el portavoz y los parpados hacen lo que éste le ordena. He entrado en calor sin saber como y me encuentro bastante cómoda. No sé si estoy soñando. Pierdo la noción del tiempo. Estoy dormida en un portal cualquiera y no me importa. 

Noto un hormigueo en mi cara, no sé como llamarlo, es reconfortante, me gusta. No quiero abrir los ojos por miedo a que se acabe. Quizás esté soñando otra vez. Empiezo a pestañear y lo veo. Salto interiormente, creo que exteriormente también, y me despierta con un “¿qué haces aquí sola?”. No sé qué decir. ¿De dónde ha salido? ¿Dónde estaba? No lo había visto hace demasiado tiempo. Intento contestar, pero es inútil. Hoy mis cuerdas vocales están de huelga. Pongo expresión de incredulidad y me ayuda a levantarme. No sé a donde vamos, aunque tampoco me importa. 

Y volvemos a estar aquí. En el mismo banco de siempre. La lluvia ha cesado. No consigo decir nada. Se acerca a mí, y noto la punta de su nariz helada en mi cachete, creo que he empezado a temblar, posa su mano sobre mi muslo y con voz entrecortada creo oírle decir “te echaba de menos”, aunque no estoy segura. Se desliza hasta mis labios, por fin, y me besa. No puedo evitar responderle más que con otro beso. 

Coloca sus dos manos en mi cara y empieza a apretarla contra la suya, estamos muy cerca, más de lo que podía haber vuelto soñar nunca. Sonríe. Sonríe mientras me besa. Y le devuelvo la sonrisa. 

Se aleja por un momento, lo suficiente como para poder mirarlo de frente. Tiene los ojos rayados, o yo estoy delirando de la emoción. Paso mis manos por sus ojos y sin dejar de agarrar mi cara, hace que le mire y me dice “Feliz Navidad”.

4 de diciembre de 2012

Schrödinger’s cat.

Hi, I’m Thais and I’m going to tell something about me.
I've always been afraid of change, until I heard the story about “Schrödinger’s cat”.

In 1935, Erwin Schrodinger, in an attempt to explain the Copenhagen interpretation of quantum physics, he proposed an experiment where a cat is placed in a box with a sealed vial of poison that will break open at a random time. Now, since no-one knows when or if the poison has been released, until the box is opened, the cat can be thought of as both alive and dead.

Maybe you can’t understand what I wanted to say. Just like Schrödinger’s Cat, “the change” right now can be thought of as both good and bad. It is only by opening the box that you’ll find out which it is.

I hope that you have understood what I have said. I can’t be afraid of something, called change, if I haven’t tried these things.

Now I will always need to open the box.

22 de septiembre de 2012

Las celebraciones obligatorias. (Aunque yo le cambiaría el título).


Dándose a entender que la gente necesita fechas señaladas para demostrar su admiración hacía sus seres queridos, ya sea madre, padre, pareja, y/u otros familiares hemos llenado el calendario de fechas totalmente superfluas. Tenemos con nosotros ya, una cantidad desmesurada de estas y se podrían definir como obligatorias en algunos casos. Días como el del padre, el de la madre, el de San Valentín, que por cierto creo que ya lo quitaron del santoral, avíseme si vuelve, el del abuelo y muchos derivados, son fechas, completamente frívolas. ¿Necesitamos realmente señalar un día para mostrar nuestro afecto? ¿No es preferible acordarte de un ser querido, porque sí, porque lo quieres y no te hace falta marcar un día en concreto?
Dejando a un lado días como el de la Paz, las fechas históricas, como el 23f, y derivados que no presentan ninguna demostración, material a otra persona, centremos en días como el de mamá y papá.
A todos nos parece muy bonito cuando el niño sale del colegio con un regalito manual para papá o una flor para mamá, pero ya se ve, desde pequeños que los están educando para que si ellos quieren a una persona deben demostrárselo a base de regalos. ¿No es preferible antes de salir a cualquier parte, ir a darle un beso a mamá, o a papá, o a el abuelo porque te sale así, natural, porque quieres, y es un afecto diario, y que no se olvida?
Sinceramente de esta “mala educación”, quizás un poco fuerte la expresión, sacan muchísimo partido los centros comerciales. Ese momento en el que entras en unos grandes almacenes por San Valentín y ves todo con corazones rojos, y a un lado “para él” y al otro “para ella”. Pues yo, prefiero darle un beso a mi pareja, pasar el día sentados en un parque al aire libre, que estar con un tropel de rosas de un lado para otro, para que lleguen todas marchitas por el calor abrasador que hace desde el coche hasta la casa del susodicho.
Respecto a mamá y papá tres cuartos de lo mismo, incluso creo que peor. ¿Qué pasa con el niño que no tiene padres? ¿O solo uno? ¿Y el que tiene un tutor/a? Verdaderamente hay niños que se sienten mal cuando preparan esos regalos, porque no tienen esa persona física a quien dárselos, o se sienten mal sencillamente por el hecho de no presentar ese afecto a uno de los padres, y parece que ellos son monstruos. (Y los monstruos son ellos.) Con respecto a cuando vas creciendo el amor parece efímero y solo capaz de demostrarse en tales días. Yo no necesito un día para regalarle nada a mi madre, si me apetece comprarle un detalle, para que se sienta valorada, ¡estupendo! pero no porque ciertas personas se hayan inventado tres o cuatro fechas para incentivar el consumismo. Aunque en realidad sea contradictorio “se lo compro porque me apetece” ¿y por qué comprarle algo? ¿Ya no nos basta hoy en día con un abrazo? ¿O con una taza de té y una buena tertulia para saber como va todo? ¡Qué hay veces que vivimos en la misma casa y somos extraños!
Educamos a una sociedad consumista, y después nos quejamos de que si la felicidad y el valor de las personas se mide por las pertenencias, y la calidad, y cantidad de regalos que podemos ofrecer a los demás. Nos quejamos de la crisis, el paro, las campañas publicitarias excesivas y el llamado spam, pero a ninguno nos desagrada recibir regalos. Tenemos que aprender a formar personas capaces de decir sobre que es lo que quieren hacer, si son ellos mismos, por propia voluntad, quienes desean hacer esto o lo otro.
Dejo de andarme por las ramas, y para concluir mando un saludo a todos los centros comerciales porque se acercan el día del Padre y de la Madre y no veáis las colas que se van a montar para comprar regalitos, bueno aquí tenéis una que no va a hacerlas.

Relación entre el Lazarillo de Tormes y la actualidad.


Apreciar que el Lazarillo de Tormes, en la época en la que fue escrito (XVI), no iba a estar tan descaminado en la actualidad, resulta paradójico.
El Lazarillo de Tormes era como cualquier niño explotado, de hoy en día, en una fábrica haciendo calzado N*ke durante toda su juventud. Privarles de la enseñanza y de sus derechos no es cosa nueva. Lázaro, sin comida y a lo loco, se ponía en manos de cualquier persona "que lo pudiera mantener", para subsistir. Hoy por hoy, queramos o no, en cualquier país en vías de desarrollo, porque subdesarrollado suena feo, podemos apreciar este comportamiento. Aunque el ser humano a pretendido desde hace algunas décadas crear al humano-maquina, sin quejas y con una alta producción, que es lo que todos los empresarios desearían, por desgracia para ellos, tenemos todos un defecto, ser personas, y tener necesidades.
No se darían actualmente casos como los de ir a vender agua o guiar a un ciego, no por lo menos con una mentalidad occidental como la mía, pero sí el trabajar al servicio de alguien y no tener la remuneración correspondiente, quizás incluso llegando a sentir, dichas personas o humano-maquina como se les trata, alienación.
Que el hombre oculte, por vergüenza, la palabra esclavitud, y que se haya proclamado su abolición como tal, parece un hecho surrealista, ya que apreciamos todos los días, que las grandes fábricas de Oriente, privan de una alimentación y sueldo a esos trabajadorcillos, también llamados niños.
No podemos hacer nada con las leyes de dichos países, y mucho menos intentar imponer nuestras creencias en culturas que ni siquiera tenemos el suficiente conocimiento de ellas para criticarlas. Pero existe la conocida “Declaración de los Derechos Humanos” en cuyos artículos cuatro, cinco y veinticinco recogen estas palabras.. “Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas. Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.” “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud, el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médico.” Ahora bien, y sabiendo que dichos Derechos están redactados en 1948 en París, y que el pobre Lazarillo aquí parece no tener vela, deberíamos pensar todos por un momento, la doble moral impresionante que tenemos, al ser capaces de aceptar esto por escrito y no llevarlo a la práctica. Todos tenemos derecho a ser tratados de igual modo, indistintamente de tu procedencia, creencias.., también recogido en los Derechos Humanos en el primer y segundo artículo. Y así podría seguir, pero el articulo 28 de esta Declaración es el más, ¿difícil de cumplir? Bueno, con nuestra doble moral sí, y sí, me incluyo porque mientras yo estoy redactando estas lineas en mi fabuloso portátil de 15.6'' (pulgadas), un niño hace cuatro años estaba encajando piecita a piecita este ordenador. O supervisando desde las 4 de la mañana que todas las maquinas funcionasen correctamente para hacerlo. Bueno, el dicho artículo dice, “Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos.”
Observo, que todos debemos creer que esto sería en un mundo utópico, ya que el llevarlo a la práctica parece que no va con nosotros.