23 de diciembre de 2013

Cuentos chinos para niños del Japón, o eso oí decir una vez.

Habría roto las ventanas por él. 
Y hubiera recogido cada uno de los pedazos y los hubiera vuelto a unir, como si de un puzzle se tratara. 

Pregúntale si él lo hubiera hecho. 
Si (él) hubiera herido sus manos por mí, si se hubiera cortado para que yo no lo hiciera. 

Permíteme dudarlo. 
He oído más historias de caballeros y princesas de las que nadie ha escuchado jamás, y su nombre no salía en ninguna. 

Ojalá lo haga. Ojalá corrobore sus palabras.
Me mantendría callada, de verdad que lo haría, si viniera al galope de un corcel demasiado patoso. 

Pero sé que no lo haría. 

9 de diciembre de 2013

Echaba de menos el aura que entraba por mi ventana. Por si era él.

Se apagaron las luces. 
Me hice pequeña. 
Solo quedaba una vela en medio de la alcoba. 
Él fue la brisa que la apagó.
Y ahora duermo a oscuras. 
El viento era mi entropía. 

Y me encantaba. Él lo hacía. 

24 de noviembre de 2013

Pero hueles a hogar.

Se calló en el umbral de mi falda y eso que ni siquiera llevaba una puesta. 
Se derramó debajo de las sábanas mientras yo sonreía sin articular palabra. 
¿A cuántas habrás matado de la misma forma? 
No sé como se cuentan las horas sin reloj, pero sí como se cuentan nudos en la garganta con las yemas de tus dedos. 


3 de noviembre de 2013

¿Decidir? ¿El qué?

Le preguntaría una vez más por todas aquellas veces que hablamos sin decir nada, por todas esas tardes perdidas en sollozos de las faldas de una quinceañera enamorada. Luego se apagaría por completo, bajaría las luces del plató y meditaría cual sería su siguiente frase. Nunca ha sido demasiado buena tomando decisiones, pero una vez oyó decir a alguien que si no eliges todo sigue igual, nada va a cambiar, aunque el tiempo pase y ni siquiera éste considere la opción de esperarte. 

Yo la oía desde el otro lado del salón, meditando acerca de la historia de siempre. No sabría decir, ni aún mirándola a los ojos, qué es lo que estaba pensando. Solo sabía una cosa con certeza, abandonar para ella nunca era una opción. 

1 de noviembre de 2013

Deberías haber cesado mis gritos, o haberlos hecho interminables.

Deberías haber pasado por mí tantas veces como yo lo he hecho por ti. Deberías haber recogido las hojas de un otoño perenne, para demostrarme que nada es imposible. Deberías haberte perdido en mi falda, tantas veces como yo me perdí en tus bolsillos. Deberías haberme regalado todas las estaciones del año una vez más. Deberías haber tomado el primer vuelo y no el último. Deberías haberme recorrido desde los pies a la cabeza, y no al revés. Deberías haberte quedado pegado bajo las sábanas de los “hasta luego” y no parar de sentirme. Deberías haber impuesto mano dura en mis dudas, y en las tuyas. Deberías haberte llevado todos mis miedos con solo dos palabras. Pero sobretodo, deberías haberte desnudado del todo para mí, porque yo sigo desnuda para ti. Encontrándome con las esquinas de tu alma cada vez que tropiezo, y rompiendo los muros inquebrantables de al lado de tu pecho.

Deberías acabar de desnudarte, y hacerlo solo para mí.

27 de octubre de 2013

Desplegarla, y declararla mi nación.

Siempre he confiado en ese lugar que está suficientemente cerca de tu pecho como para sentirme segura.
No he podido romper completamente el inquebrantable parapeto que has formado, pero sin embargo, he conseguido atravesarlo y quedarme observando desde la retaguardia. Parece un lugar seguro, no hay tropas ni artillería pesada, solo una forastera, servidora, que se pasea por ahí tan campante tras una guerra de arduas batallas por cruzar la frontera y clavar su bandera.

3 de octubre de 2013

Me llaman Octubre.

Si todo se vuelve gris es por culpa de que Octubre nunca fue un mes bonito. 
Si dejan de haber rosas es porque Octubre no deja crecer las flores sino las deshoja.
Si las noches son demasiado largas es porque Octubre ha parado el tiempo.
Si los vasos han dejado de estar medio llenos es porque Octubre se ha llevado las ganas.
Si las nubes ya no tienen forma de corazón es porque Octubre no para de deformarlo todo con su viento.

Si Octubre fuera azul y rosa, quizás a mí no me llamarían así.